
'No pido más', de Maribel Sánchez
NO PIDO MÁS
Hoy me reconozco ante cualquier espejo,
y recuerdo: me explicaron
que nací, en la antesala de un paritorio inventado
cuando los años, eran maletas
sujetas con cuerdas apenas salidas del hambre
y los gastados zapatos, plumas sobre la tierra.
Mis primeros fueron pasos entre silencios impuestos
a golpe de entierro.
crecí al borde de los suicidios de aquellos que se atrevieron
a elevar su palabra.
De mi adolescencia me quedan acordes disconformes,
saltando de boca en boca
puños en alto ante la barbarie
y moratones tatuados en la vorágine que mezcla
libertad con libertinaje.
Aún llevo el mar impregnado en mis ojos
y la cálida brisa de un agosto lejano
enganchada… en los poros de mi piel.
Poseo la sal heredada lejos de aquella
que acarició con espumas blancas mi cuerpo.
Un horizonte tibio y veinte comas, danzando
sobre un inacabado texto.
Entre mis muchos defectos destaca
el no dejar ahogar puntos de i, en los dedos.
Y hasta aquí me han traído los vientos
de una vida acumulando baúles
donde guardo con celo horas de experiencia
días de luz y candelabros de ausencias.
Se supone… que es la madurez, mi actual compañera
el camino recorrido mi cómplice y el reloj mi enemigo
llevo en mi alma, las mismas dosis de lucha que de olvido
Ya he regado tantas primaveras
que tan solo reconozco los temblores
del invierno.
Y si llega la muerte a buscarme
sabrá que he vivido con algo más que lo puesto.
Y al atravesar la puerta sin regreso
pediré tan solo, ser parte de un grato recuerdo
en el alma de aquellos que quise y me quisieron.
(Tal vez, sean los mismos que hoy me siguen queriendo)

















